XLII

XLII

El olor de la tormenta: acre, seco, calor, gris

Quiero probarte, quiero sentirte

Déjame probarte, déjame sentirte

¿Por qué no repetirte?

Entre la ira y la tristeza por no haber sido comprendida y aceptada vivía la niña mujer

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En un país de maravillas

En un país de maravillas

Me acuesto con una sombra sin género. Me hace sentir sumisa, agradecida; sin ganas de actuar. Compartimos energía hasta completar un todo.

<Un niño se sienta a mi lado en la cocina>

El disfraz ridículo que me cubre hace que me sienta extrovertida. Nadie es capaz de ver dentro de mi universo.

Cualquier mal paso me podría convertir en el desayuno de los tiburones. Intento con todas mis fuerzas salvar al niño. Intento con todas mis fuerzas ser feliz.

En un estertor

En un estertor

Siento su deseo; retorciéndome y perdiendo el control que calcula el estallido final, abriendo puertas que en otro momento se presentaban como infranqueables. Los límites se disipan traspasando esas fronteras ficticias, apuntaladas sobre tabúes y miedos inculcados por una educación dominada y sin crítica.

Me pregunto con qué me sorprenderá esta noche. Deseando que las  explosiones lleguen hasta una mañana que me presentará la siguiente prueba de este juego.

Miro mi reflejo desnudo en un espejo en el cual no me reconozco. Es una nueva imagen que me hace sentir viva. Siento la energía de un momento que presumo único, haciendo que me plante ante el mundo con mi nueva sonrisa.

Juego en el límite intercalando luz y sombra; dejando salir todo aquello que está agazapado y oculto en lo más oscuro, esperando el momento para saltar y apoderarse de mi ser, provocando un dolor que se anticipa al crecimiento.

Se cambian las leyes de un tiempo que prevé el siguiente asalto, haciendo que el espacio adquiera una nueva dimensión más espesa y sudorosa, plegándose en una esfera oscura que relleno con todo mi ser.

Domíname, poséeme, mátame.

Un suspiro, un estertor, locura fuera de control… un fin.